MAITE HUECAS – NEW YORK, NEW YORK

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New York, New York…

14/11/2018

 El pasado 4 de noviembre amaneció con un sol espléndido, un día perfecto para correr, con unos diez grados de temperatura, que más se puede pedir.

Esta es la meta en Central Park, el último recorrido, los últimos dos kilómetros con subidas y bajadas, rodeada de vallas, la gente gritando, entre todos esos gritos conseguí escuchar mi nombre, María una amiga del grupo, Runners Madrid Río, estaba allí, qué ilusión, tan cansada estaba ya que no me acerqué, quedaban unos metros para llegar, qué alegría verla.

Los 42 kilómetros de recorrido de la Maratón de New York 2018 se extienden por los 5 barrios de la ciudad, inicia cerca del puente Verrazano-Narrows en Staten Island, una espectacular estructura, desde allí se encamina hacia el norte de Brooklyn, luego recorre Queens, de allí sigue hacia el Bronx y finaliza en Manhattan, en Central Park.

Ese mismo día y el siguiente, llevé con mucho orgullo la medalla colgada al cuello , los neoyorquinos te felicitan y  se sienten igualmente orgullosos de participar en este evento.

Tienes que levantarte a las cinco de la mañana, coges el autobús a las seis, pero no es tan duro el madrugón, ese día cambian al horario de invierno como nosotros, por eso tienes una hora más esa noche para dormir.

Un atasco de autobuses y coches hasta que llegamos, con muchos nervios, hablando con los compañeros que tienes en el autobús. A mi lado estaba Javier, un cámara de Televisión Española que se enfrentaba a su primera maratón, lo que hizo que mis nervios se calmaran. Tenía que animarle, quitar hierro al asunto, convencerle de que se había preparado e iba a terminar. Luego me habló de su compañera Almudena, dije, no será Almudena Ariza, sí, era ella. Con todos estos preámbulos se me pasó el tiempo y llegamos a la explanada, antes de ir cada uno a nuestro cajón de salida. Y allí, esperando en la cola de los meaderos, es donde se nos unió Almudena.

 Junto con los compañeros de Bilbao y una pareja de españoles, Almudena grabó con su móvil un previo de cómo se viven esos momentos antes de comenzar la carrera, creo que se emitió en el telediario de la noche.  Ella salía una hora más tarde, así que nos despedimos y cada uno a su sitio.

 Para evitar el frío, llevamos ropa que después dimos a las ONG que la recogen. Les di un anorak de mi hija Elena, una braga polar y mis primeras mallas de correr.

 También esta chaqueta roja, no me sentí con fuerzas de llevarla anudada a la cintura durante 42 kilómetros, me dio mucha pena, era el único símbolo de España que llevaba, porque no soy mucho de banderas.

 Y ahí estamos en el cajón de salida, con el puente Verrazano al fondo, sonando la canción de Frank Sinatra, Ne York New York. Estoy con Isabel, atleta desde pequeña, que retomó el atletismo hace unos años, con muchas ganas, como yo, porque nos gusta correr. Sonó el pistoletazo y a correr…

 Disfruté durante toda la carrera, era tanta la gente que animaba, niños, jóvenes, ancianos, de todos los colores, de diferentes colectivos…nos ofrecían comida y bebida, sobre todo nos animaban, nos gritaban, nos alargaban sus manos para tocarlas, me emociono al recordarlo, fue tan bonito el recorrido que no me importaría repetir.

 La maratón de Nueva York es, de las importante, una de las que se considera dura, hay que guardar fuerzas en la primera mitad para que la segunda puedas con ella.

De los barrios por los que pasé, solo en la parte de los judíos ortodoxos, no había ni gritos ni jaleo, solo nuestras pisadas se oían. Impresiona vivirlo, aunque ya me habían contado.

Todos los que corréis, sabéis que en una maratón es importantísimo avituallarse bien. Beber agua, bebidas isotónicas, con sales, tomar alimento, bien geles o plátano. En esta maratón te dan vasitos con las bebidas, complicado, acabas acostumbrándote.

Lo más fascinante es que durante todo el recorrido la gente te ofrece botellas de agua, fruta y un montón de cosas. Yo cogí una botella de agua y un plátano, la cara de agradecimiento que vi al aceptarlos me sorprendió, quieren ayudarte y esa es la manera. Si hubiera podido, les habría dado un abrazo.

 Ya se empieza a sufrir, a partir del 35 la cosa se pone seria, te tienes que concentrar, dar muchos ánimos y continuar. Me dediqué a calcular lo que me quedaba, como me indicaban las millas, hacía cálculo mental para convertirlas en kilómetros. No está mal, así se te pasa rápido.

 Crucé la meta cansada pero muy satisfecha, había conseguido un sueño, un reto que me había marcado. Gracias a todos los que me seguisteis y la alegría que me mostrasteis, un beso para todos.

 

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